
El Camino a Belén: Un viaje que lo cambia todo…
“Aconteció en aquellos días, que se promulgó un edicto de parte de Augusto César, que todo el mundo fuese empadronado. Este primer censo se hizo siendo Cirenio gobernador de Siria. E iban todos para ser empadronados, cada uno a su ciudad.Y José subió de Galilea, de la ciudad de Nazaret, a Judea, a la ciudad de David, que se llama Belén…”
Lucas 2:1-4
La Navidad siempre nos invita a mirar hacia atrás, hacia ese pequeño pueblo llamado Belén. Pero este año, para Mary y para mí, la mirada es aún más profunda y personal.
Ahora que somos abuelos y hemos tenido el privilegio de estar cerca del nacimiento de nuestro nieto Oliver, nos maravillamos nuevamente ante el milagro de la vida. Ver a nuestra hija Mickaela y a su esposo Ryan con su bebé nos ha permitido experimentar el inmenso amor de Dios de una manera fresca y tangible nuevamente.
Sin embargo, tener a un recién nacido en brazos también nos recuerda lo frágil que es el ser humano. Y es esa fragilidad la que me lleva a pensar en la llegada de otro Bebé, uno que nació hace dos mil años en circunstancias mucho menos favorables: Jesús.
La Biblia nos cuenta cómo el ángel anunció: «¡Su Salvador acaba de nacer en Belén!». Es curioso cómo funciona el «plan maestro de Dios». A menudo, nosotros buscamos tener todo bajo nuestro control, todos los recursos y hasta la fama y el poder… Pero Dios, en su soberanía, elige lo sencillo. Elige un pesebre. Elige un pueblo pequeño.
Incluso el hecho de que «no hubiera lugar en el mesón» no fue un error de cálculo. Fue un recordatorio divino de que Dios tiene otras estrategias, he incluso no desea que anhelemos ser autosuficientes. Dios nos demuestra que lo más importante no es tenerlo todo resuelto, ni todos los recursos, sino caminar en interdependencia con Él. Confiando en El…
Este camino a Belén es más que una historia; es un viaje espiritual que hoy nos sigue transformando. Al reflexionar en esta Navidad, quiero animarte con cuatro pilares que este viaje nos regala:
Coraje: Así como María venció sus temores iniciales, el camino a Belén nos invita a confiar en las promesas de Dios, aunque tengamos miedo.
Esperanza en lugares inesperados: Belén nos enseña que Dios cumple sus promesas en su propio tiempo y, a veces, donde menos lo imaginamos12.
Transformación: La buena noticia de Jesús nos capacita para asumir nuestro propósito con confianza13.
Comunidad: No estamos llamados a caminar solos. Jesús nos enseñó a crecer juntos, ser discípulos, que hacemos discípulos, en grupos pequeños, compartiendo la vida, el trabajo y la fe.
Al celebrar, te invito a unirte a esta oración de gratitud:
«Gracias, Dios, porque en cada nacimiento nos muestras el milagro de la vida.
Gracias Señor por la vida de Oliver y de lo que tu harás a través de él; y de cada hijo y nieto de quienes están pronunciando esta oración.
Gracias por recordarnos que Tú también fuiste un bebé vulnerable.
Pero, en fe, como familia, aceptamos tu invitación a vivir este viaje que lo cambia todo, compartiendo Tu amor con otros para Tu gloria. Amén.»
Daniel y Flia.
(Diaz-Fernadnez-Welles)